La impunidad con la que actúan los sustentadores del comercio sexual en los polos turísticos admira a unos pocos y decepciona a la mayoría
La hermosa franja tornasol y verde que va desde Sosúa a Samaná constituye el escenario contemporáneo de un comercio sexual de niñas asignadas a turistas europeos que pueden ser, sin rubor, al menos por ellos, sus nietas y biznietas. No se requiere una indagación profunda: las pruebas andan libremente en las vía pública.
No hay aplicación del Código del Menor, no hay infracción, no hay aplicación de sanciones y los sustentadores del comercio mantienen una impunidad que admira a unos y decepciona a otros.
Hasta que el Estado se metió con la práctica en Indonesia, esa zona del Pacífico era una de las preferidas por el turismo, por lo general certificado, con justicia, crapuloso.
Sólo obligadas por mafias -una de las cuales quemó el carro de un comunicador de Puerto Plata que se metió con el asunto en una publicación-, pueden estas muchachas de edad tierna a acompañar en la cama a esos “abuelos.” MAS
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