"Muchas gracias por hablar con nuestros padres, el mío tenía preparada una correa anchísima para pegarme, pero gracias a tu charla, ésta vez no lo hizo", dice aliviada Susana (nombre ficticio), de 11 años, mientras abraza a la psicóloga de su colegio.
Las compañeras de clase la apoyan: "¡Eso, eso. A mí tampoco me pegaron ayer!", exclama otra. No van mal en sus estudios, pero una nota más baja o desobedecer una orden puede enfurecer a su padre o su madre, que entienden la paliza como una medida correctiva.
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Pero al volver con su familia a su casa, fabricada con calamina, ladrillos y plásticos, no encuentra los mismos valores. "Mis padres me palean si me porto mal. Pero yo los entiendo, porque no siempre soy buena", reconoce mirando al suelo.
Al centro acceden con prioridad los que tienen menos recursos económicos. Aproximadamente el 30% son indígenas y entre ellos no se acostumbra tanto castigar físicamente a los hijos.
"Los nativos son personas que por lo general viven tranquilos, adaptados a lo que la naturaleza les da. Por el contrario, los no nativos son personas más voraces si de surgir se trata", detalla la psicóloga Evelynn Vargas. bbcmundo
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