LOS IMPUTADOS NO HAN GUARDADO PRISIÓN POR VARIACIÓN DE LA SENTENCIA
Carmen Bello vivía en tensión constante. Las amenazas de su esposo, quien la apuntaba con su pistola, arma que dejaba en cualquier lugar de la casa por donde correteaban sus tres hijos menores de edad, no cesaban.
La situación que la mantuvo en vilo por 18 años llegó a los tribunales, pero allí no acabó la frustración. “Cuando el sistema jurídico de este país tome conciencia de lo que es la violencia intrafamiliar, entonces se podrán salvar vidas; mientras tanto todo es un juego y un papel para decir que fueron tantas a poner denuncias y no hacen absolutamente nada”.
Así se expresa Carmen, “favorecida” con una de las tres únicas sentencias contra violencia verbal y sicológica que se han emitido en el Distrito Nacional, luego de aprobada la Ley 24-97 sobre violencia intrafamiliar hace 13 años.
Casi inexistentes son los fallos en los tribunales por este delito, pese a que en los primeros siete meses de este año las 34 fiscalías del país han procesado 45 mil 632 casos penales, siendo el principal la violencia intrafamiliar.
Aunque no deja evidencias físicas, la violencia verbal y sicológica es la que más se denuncia en las fiscalías, según la procuradora de la Mujer, Roxana Reyes, para quien el papel del Poder Judicial estos casos debe fortalecese. Reyes, de quien Carmen dice estar muy agradecida, apela a la sensibilización de los jueces sobre la problemática.
“De nada le sirve al ministerio público armar un buen juicio y presentarlo en corte, si un juez, que probablemente es un agresor, no entiende esta dinámica y cuáles son las consecuencias de poner en libertad a esta persona que puede matar a una mujer”, afirmó la representante del ministerio público.
RELACIÓN BASADA EN EL USO DE LA FUERZA
Roxanna Reyes dice que en materia de violencia nada es suficiente si la sociedad continúa “fabricando” vctimas y agresores, y si la mujer sigue formándose en un esquema de relación basado en el uso de la fuerza, la dominación y no en el diálogo y el respeto.
Carmen Bello se identifica con el esquema basado en la fuerza, donde le decían que la mujer debía aguantar y no divorciarse, hasta que decidió dar el primer paso ante la justicia. “Lo que pasa es que uno se casa bajo unas costumbres culturales, domésticas y también por familia, que guarde el matrimonio, que todos los hombres son bocones, que el matrimonio se lleva y no se dice lo que pasa hasta la muerte”, dice Carmen.
Violencia en familias adineradas
Carmen Bello, hija de un importante empresario, representaba en el país una reconocida marca de cosméticos. Con tres hijos y un estatus social incuestionable, dice haber vivido el suplicio de la agresión sicológica.
Permaneció 18 años al lado de su verdugo. Una vida de sobresaltos y de una pistola que sólo esperaba la llegada de su propietario para enfilarse hacia ella, a veces con el alegato de que pensaba que se trataba de un ladrón y otras veces para recordarle lo que podría ocurrir si se divorciaban.
“Un día la niña de cuatro años apuntó al hermanito de tres”, recordó Carmen.
Justicia
Las tres sentencias, una de 2008 y dos de 2010, con las que fueron condenados el esposo de Carmen y otros dos hombres por violencia sicológica contra sus parejas y las secuelas en los hijos, tienen en común que envuelven a familias adineradas y que en ninguno de los casos los agresores cumplen prisión. Dos de los fallos judiciales fueron emitidos por una jueza.
El esposo de Carmen fue condenado a cinco años de prisión y la pena fue variada en el mismo dictamen, a cambio de abstenerse de abusar de bebidas alcohólicas y del porte de cualquier tipo de arma; de presentarse al domicilio y de tener la obligación de asistir a 12 charlas sobre violencia doméstica.
“La que tiene casa y un nivel social y económico cuando le pasa (la matan), dicen que tenía cáncer, que se cayó y se desnucó en el baño... nunca van a decir que fue el marido que la mató. La violencia intrafamiliar pasa en cualquier clase social”, precisó Carmen, que asegura que entre los 64 feminicidios ocurridos de enero a agosto de este año no se identifica a mujeres de clase alta.
“Es una muerte lenta”, dice la mujer que duró 18 años casada, sustentando económicamente a su familia y que permaneció dos años en los tribunales denunciando ese tipo de maltrato.
¿Qué ha pasado después de la condena? “Otro infierno porque el agresor está suelto y puede hacer lo que le dé la gana y sigue haciendo querellas y molestando”.
Carmen Bello ya no trabaja fuera de la casa y se ha dedicado al cuidado de sus hijos, dos de los cuales, de acuerdo con la evaluación sicológica plasmada en la sentencia, sufrieron emocionalmente las consecuencias de la violencia contra su madre.
Carmen teme que su hijo de 14 años tenga problemas en el futuro, pues, dice, es manipulado por su padre.
Los informes sicológicos expedidos por el Instituto Nacional de Ciencias Forenses (Inacif) y el Consejo Nacional de la Niñez (Conani) dan cuenta de que, a raíz de las agresiones verbales e intimidaciones, Carmen tiene “rasgos de depresión, ansiedad, miedo, temor constante que degeneraron en un trauma que debe ser tratado clínicamente con terapias individuales, al igual que dos de sus hijos que resultaron afectados”. Así consta en la sentencia.
La situación que la mantuvo en vilo por 18 años llegó a los tribunales, pero allí no acabó la frustración. “Cuando el sistema jurídico de este país tome conciencia de lo que es la violencia intrafamiliar, entonces se podrán salvar vidas; mientras tanto todo es un juego y un papel para decir que fueron tantas a poner denuncias y no hacen absolutamente nada”.
Así se expresa Carmen, “favorecida” con una de las tres únicas sentencias contra violencia verbal y sicológica que se han emitido en el Distrito Nacional, luego de aprobada la Ley 24-97 sobre violencia intrafamiliar hace 13 años.
Casi inexistentes son los fallos en los tribunales por este delito, pese a que en los primeros siete meses de este año las 34 fiscalías del país han procesado 45 mil 632 casos penales, siendo el principal la violencia intrafamiliar.
Aunque no deja evidencias físicas, la violencia verbal y sicológica es la que más se denuncia en las fiscalías, según la procuradora de la Mujer, Roxana Reyes, para quien el papel del Poder Judicial estos casos debe fortalecese. Reyes, de quien Carmen dice estar muy agradecida, apela a la sensibilización de los jueces sobre la problemática.
“De nada le sirve al ministerio público armar un buen juicio y presentarlo en corte, si un juez, que probablemente es un agresor, no entiende esta dinámica y cuáles son las consecuencias de poner en libertad a esta persona que puede matar a una mujer”, afirmó la representante del ministerio público.
RELACIÓN BASADA EN EL USO DE LA FUERZA
Roxanna Reyes dice que en materia de violencia nada es suficiente si la sociedad continúa “fabricando” vctimas y agresores, y si la mujer sigue formándose en un esquema de relación basado en el uso de la fuerza, la dominación y no en el diálogo y el respeto.
Carmen Bello se identifica con el esquema basado en la fuerza, donde le decían que la mujer debía aguantar y no divorciarse, hasta que decidió dar el primer paso ante la justicia. “Lo que pasa es que uno se casa bajo unas costumbres culturales, domésticas y también por familia, que guarde el matrimonio, que todos los hombres son bocones, que el matrimonio se lleva y no se dice lo que pasa hasta la muerte”, dice Carmen.
Violencia en familias adineradas
Carmen Bello, hija de un importante empresario, representaba en el país una reconocida marca de cosméticos. Con tres hijos y un estatus social incuestionable, dice haber vivido el suplicio de la agresión sicológica.
Permaneció 18 años al lado de su verdugo. Una vida de sobresaltos y de una pistola que sólo esperaba la llegada de su propietario para enfilarse hacia ella, a veces con el alegato de que pensaba que se trataba de un ladrón y otras veces para recordarle lo que podría ocurrir si se divorciaban.
“Un día la niña de cuatro años apuntó al hermanito de tres”, recordó Carmen.
Justicia
Las tres sentencias, una de 2008 y dos de 2010, con las que fueron condenados el esposo de Carmen y otros dos hombres por violencia sicológica contra sus parejas y las secuelas en los hijos, tienen en común que envuelven a familias adineradas y que en ninguno de los casos los agresores cumplen prisión. Dos de los fallos judiciales fueron emitidos por una jueza.
El esposo de Carmen fue condenado a cinco años de prisión y la pena fue variada en el mismo dictamen, a cambio de abstenerse de abusar de bebidas alcohólicas y del porte de cualquier tipo de arma; de presentarse al domicilio y de tener la obligación de asistir a 12 charlas sobre violencia doméstica.
“La que tiene casa y un nivel social y económico cuando le pasa (la matan), dicen que tenía cáncer, que se cayó y se desnucó en el baño... nunca van a decir que fue el marido que la mató. La violencia intrafamiliar pasa en cualquier clase social”, precisó Carmen, que asegura que entre los 64 feminicidios ocurridos de enero a agosto de este año no se identifica a mujeres de clase alta.
“Es una muerte lenta”, dice la mujer que duró 18 años casada, sustentando económicamente a su familia y que permaneció dos años en los tribunales denunciando ese tipo de maltrato.
¿Qué ha pasado después de la condena? “Otro infierno porque el agresor está suelto y puede hacer lo que le dé la gana y sigue haciendo querellas y molestando”.
Carmen Bello ya no trabaja fuera de la casa y se ha dedicado al cuidado de sus hijos, dos de los cuales, de acuerdo con la evaluación sicológica plasmada en la sentencia, sufrieron emocionalmente las consecuencias de la violencia contra su madre.
Carmen teme que su hijo de 14 años tenga problemas en el futuro, pues, dice, es manipulado por su padre.
Los informes sicológicos expedidos por el Instituto Nacional de Ciencias Forenses (Inacif) y el Consejo Nacional de la Niñez (Conani) dan cuenta de que, a raíz de las agresiones verbales e intimidaciones, Carmen tiene “rasgos de depresión, ansiedad, miedo, temor constante que degeneraron en un trauma que debe ser tratado clínicamente con terapias individuales, al igual que dos de sus hijos que resultaron afectados”. Así consta en la sentencia.

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